Casi nadie llega preguntando qué chatbot quiere. Llega con otra cosa: entran cuarenta consultas por día, se responden tarde o no se responden, y por ahí se están perdiendo ventas. La pregunta real no es cuál comprar. Es a quién le pedís que lo resuelva.

Y ahí hay tres caminos bien distintos, con precios que se llevan por diez. Esta guía es para elegir el que te corresponde antes de pedir presupuestos, no después.

Los tres caminos

1. Una plataforma lista para usar

Pagás una licencia mensual, entrás a un panel y armás el bot vos. Cargás las preguntas frecuentes, definís cuándo deriva a una persona y listo. En Argentina hay varias andando —Cliengo, Whapido y otras— y son la opción más rápida y más barata.

Sirve si lo que necesitás es responder lo mismo de siempre —horarios, dirección, formas de pago, si hay stock de algo puntual—, tomar el dato de contacto y pasarle la conversación a alguien del equipo.

Se queda corta cuando el bot tiene que saber algo que vive adentro de tu empresa: el precio actualizado de un producto, si ese código está disponible, en qué estado va un pedido. Eso no se configura en un panel, hay que conectarlo.

2. Un programador free lance

Alguien que te lo desarrolla a medida. Sale menos que una consultora y para un proyecto acotado puede funcionar bien.

El riesgo está en el después. Un chatbot no es una web que se entrega y queda quieta: Meta cambia requisitos, se vencen credenciales, el modelo de inteligencia artificial se actualiza, tu catálogo cambia. Si la persona que lo hizo se consiguió un trabajo en relación de dependencia, quedás con un sistema que atiende a tus clientes y nadie que lo entienda. Preguntá desde el principio quién lo sostiene y con qué acuerdo.

3. Una consultora que lo monta e integra

Además de construir el bot, lo conecta con lo que ya usás: tu sistema de gestión, tu CRM, tu catálogo. La diferencia no es que programe mejor, es que se hace cargo de que el bot sepa lo que pasa adentro de tu empresa y de que siga funcionando dentro de seis meses.

Es el camino más caro de los tres y no siempre hace falta. Se justifica cuando el chatbot deja de ser un contestador y pasa a ser parte de la operación.

Cuánto cuesta cada uno

Rangos de mercado en Argentina, en dólares, que es como se cotiza este rubro:

  • Plataforma lista para usar: USD 50 a 200 por mes, sin costo de puesta en marcha. La configurás vos.
  • Chatbot desarrollado e integrado: USD 1.500 a 6.000 de puesta en marcha, más USD 200 a 400 por mes de mantenimiento.
  • Con integraciones al sistema de gestión: el piso se va a USD 3.500 y sube según cuántos sistemas haya que conectar.
  • Varios agentes encadenados —uno atiende, otro cotiza, otro carga el pedido—: desde USD 8.000.

El salto entre el primero y el segundo no es capricho. En una plataforma comprás una herramienta genérica; en un desarrollo pagás que alguien entienda cómo trabaja tu empresa y lo deje funcionando.

Lo que no aparece en el presupuesto

Tres costos que suelen no estar en la propuesta y aparecen después:

  • La mensajería de Meta. La API oficial de WhatsApp se paga aparte, por conversación, y el precio cambia según el país y el tipo de mensaje. No lo cobra tu proveedor: lo cobra Meta.
  • Dónde corre el bot. Un servidor o servicio de hosting, que suele ir de USD 20 a 60 por mes.
  • El consumo del modelo de inteligencia artificial, si el bot entiende lenguaje natural en vez de seguir un menú de opciones.

Sumados suelen dar entre USD 70 y 150 mensuales para una pyme. No es mucho, pero conviene que estén escritos y a nombre tuyo: si las cuentas están a nombre del proveedor, el día que cambies de proveedor cambiás de todo.

Cinco preguntas antes de firmar

  1. ¿Usa la API oficial de WhatsApp? Las soluciones que se conectan por afuera funcionan hasta que Meta detecta el uso automatizado y bloquea el número. Si ese número es el de tu empresa, no compensa.
  2. ¿A nombre de quién quedan las cuentas y el número? Tienen que ser tuyos. Es lo que separa contratar un servicio de quedar atado a alguien.
  3. ¿Qué pasa cuando el bot no sabe algo? La respuesta correcta es que lo diga y derive a una persona. Un bot que inventa para no quedar mal hace más daño que no tener bot.
  4. ¿Quién lo mantiene y qué incluye el abono? Que quede claro si el mensual cubre cambios de contenido, sumar funciones o solamente que siga prendido.
  5. ¿Puedo ver uno funcionando? No una captura de pantalla ni un video editado: un número al que escribirle. Si nadie te lo puede mostrar, algo pasa.

Cómo saber cuál te toca

Sin pedir ningún presupuesto, hacé este ejercicio: mirá las últimas cincuenta consultas que entraron por WhatsApp y separalas en dos pilas.

En una, las que se responden con información fija —horarios, ubicación, cómo se paga, qué servicios hay—. En la otra, las que necesitan mirar algo: un precio, un stock, un pedido, una cuenta.

Si la primera pila es casi todo, con una plataforma estás. Si la segunda es la que pesa, cualquier herramienta enlatada te va a dejar a mitad de camino, y el problema no lo vas a resolver cambiando de plataforma sino conectando el bot con tus sistemas.

Esa cuenta también te dice cuánto vale resolverlo. Si por demora se pierde una consulta de cada diez y tu ticket promedio es alto, el número se justifica solo.

Una última cosa

El chatbot es la parte visible, pero casi nunca es donde está el problema más caro. En la mayoría de las pymes que miramos, lo que come horas está más atrás: alguien copiando pedidos a un sistema, actualizando precios a mano, armando el mismo reporte todos los lunes.

Si vas a abrir la puerta a automatizar algo, mirá las dos cosas juntas. Está explicado acá: automatizaciones con IA y agentes de IA.

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